Karate Kid: lecciones y secretos de la película que inspiró la serie Cobra Kai

Karate Kid: lecciones y secretos de la película que inspiró la serie Cobra Kai

Fue el filme más alquilado de los videoclubes en 1985. Sean Penn y Charlie Sheen habían sido pensados para ser Daniel Larusso. Datos asombrosos y la historia del Ford amarillo que terminó como obsequió para Ralph Macchio

Encerar, pulir, encerar, pulir. Movimientos circulares y generosos. No: no es una clase de lustre vehicular. La escena de los trapos acariciando el Ford amarillo Super De Luxe 47 es tal vez una de las lecciones con más marketing en la historia del cine. La filosofía «Wax-On, Wax-Off» -según el audio original del señor Miyagi- nos hablaba de algo más profundo que hacer relucir el exterior. Es una cátedra sobre la paciencia, los procesos, los resultados como enemigos de los atajos.

Ralph Macchio conserva el «souvenir» de esa moraleja de Karate Kidel convertible está estacionado hoy en el garage de su casa. Cómo llegó el actor a ser dueño de la resplandeciente máquina Ford que en la historia Miyagi le obsequia a Daniel Larusso es una de miles de anécdotas que se desprenden del clásico dirigido por John G. Avildsen. Lo contó a Automobile Mag el año pasado: «Sobre el final de la tercera parte me senté a negociar con el director de Columbia Pictures: ‘Me encantaría comprar ese auto. Se ha convertido en una pieza de la cultura pop y sería genial tenerlo en mi familia’«.

Un día el bólido amarillo apareció frente a la casa de Macchio en Long Island, Nueva York. No tuvo que comprarlo, fue un regalo de Columbia. Con las décadas, «el elefante», como le llama el actor, pasó de chiche a adorno sin mantenimiento. Hasta que surgió la posibilidad de filmar Cobra Kai, la serie secuela del filme. El Ford «mantuvo su cáscara», pero cambió de motor, y se le implementó «la tecnología más moderna». De eso también se trata la vieja película de Karate Kid y el actual boom de Netflix: del interior, de conservar, mutar, cambiar. Y de lo inmutable.

La escena de "encerar y quitar cera", de "Karate Kid" que se transformó en lección.

La escena de «encerar y quitar cera», de «Karate Kid» que se transformó en lección.

El karate siempre es la excusa para hablar de otra cosa. De maestros y discípulos. De controlar el impulso. De la respiración consciente. De la lentitud como método. Si el señor Miyagi trataba de cazar una mosca con dos palitos era justamente para hacer alusión a intentar imposibles, a la paciencia, no esperar resultados. La atención en el viaje y no en el destino.

Macchio confesó hace unos días a Rolling Stones que 15 años atrás decidió ver el filme con sus dos hijos. Tenía por entonces 43 años y ese día entendió que se había convertido en adulto: «Vi la historia desde la perspectiva del Señor Miyagi y no desde el chico que no escuchaba su sabiduría».

Autoayuda, filosofía y otras lecciones

En un principio, Sean Penn y Charlie Sheen eran candidatos para el rol de Daniel Larusso. Finalmente ganó el papel el muchachito de Long Island que había sido la cara de comerciales de chicles y había actuado en la serie Ocho son suficiente. Francis Ford Coppola lo había elegido un año antes para el drama The Outsiders. Tan influencer se volvió Macchio en 1985 que a las peluquerías miles entraban con el pedido «quiero el corte Daniel».

La película estrenada el 4 de octubre de 1984 -la más alquilada en los videoclubes en 1985- es una catarata de mensajes de superación. Desde el comienzo, cuando vemos a la mamá de Daniel (Randee Heller) al grito de «California allá voy», aparece el trazo grueso de esa intención: a bordo de un gastado Chevrolet Chevelle Malibu Station Wagon 1969, madre e hijo dejan el barrio en busca de nuevas oportunidades. El vehículo se queda en el trayecto y se ven obligados a empujarlo. Aún con todo en contra, esa madre abre la historia hablando de «darlo todo».

Daniel Larusso (macchio) "Karate Kid".

Daniel Larusso (macchio) «Karate Kid».

«Si buscas venganza cavarás dos tumbas». «No existe estudiante malo, existe mal profesor». «La fuerza no está en el puño». «El poder de tu cuerpo se concentra en un solo centímetro». «Está bien perder contra el oponente, pero no contra el miedo». «Confía en la calidad de lo que sabes, no en la cantidad». El manual de frases podría integrar una enorme biblia de autoayuda. Y de hecho fue disparador de varios libros, desde algunos volúmenes infantiles de ilustraciones hasta una novela de Bonnie Hiller.

Habrá que agradecerle a Jerry Weintraub (1937-2005) la semilla del fenómeno. Fue ese productor estadounidense que trabajó con Frank Sinatra, Bob Dylan, Led Zeppelin y Elvis Presley quien escuchó en 1983 un informe del noticiero sobre un adolescente acosado por sus compañeros que se convirtió en experto en artes marciales. Con esa idea se disparó un guión.

Shue y Macchio en una escena romántica.

Shue y Macchio en una escena romántica.

Aunque Larusso era adolescente, Ralph -cara de niño- tenía 23 años al momento del rodaje. Elisabeth Shue -por entonces 21 años- decidió interrumpir sus estudios de Ciencias políticas en Harvard para ser parte de la película. Los tramos en los que ella se luce con una pelota no fueron difíciles: Elisabeth creció jugando al fútbol y haciendo jueguito a lo Maradona.

Más sorpresas: Kyle Eastwood (el hijo de Clint) audicionó para el rol de Daniel, no fue elegido, y eso enojó a Clint, al punto que las malas lenguas hablaron de «represalia». Como entonces Columbia Pictures pertenecía a Coca-Cola, Clint mandó a prohibir cualquier producto de esa marca en sus películas. 

El título del filme -que a Macchio le pareció cursi al momento de leer el guión- es el nombre de un personaje de «Legion Of Superheroes» de DC Comic, firma que otorgó un permiso especial para que se usaran las palabras Karate Kid. Al final, en los créditos aparece un agradecimiento. 

El afiche de "Karate Kid".

El afiche de «Karate Kid».

Emblema ochentoso, la cinta está plagada de signos de una época (skates, radiograbadores, autitos chocadores, hombreras). El negocio implicó no solo una recaudación increíble de más de 90 millones de dólares, sino que elementos del filme dispararan las ventas, como la bicicleta de Daniel (una Mongoose Two Four), que se convirtió en una marca popular después del estreno.

Larusso iba a apellidarse Webber, según los primeros borradores del guión, pero se cambió para darle al personaje de Macchio raíces italianas como las del actor. El nombre Daniel con el que fue bautizado marcó tanto a Macchio que cuando tuvo un hijo (en 1996) lo llamó Daniel.

La filosofía del filme sirvió de inspiración a miles de maestros que decidieron proyectar la historia en sus clases, por la temática del acoso escolar y por los valores que transmite. Además, algunos partidos políticos se valieron de la película. El partido liberal sueco Folkpartiet, por ejemplo, usó a Karate Kid en su campaña 2010: sus carteles indicaban «No hay Daniel sin un Señor Miyagi». 

Una escena de "Karate Kid", con Miyagi y Daniel.

Una escena de «Karate Kid», con Miyagi y Daniel.

Se usaron más de 500 extras para la escena del torneo y dos escenas violentas entre Daniel y Johnny (William Zabka) fueron eliminadas a pesar de haber sido filmadas. El tema You´re the best, interpretado por Joe Esposito, que había sido compuesto para Rocky III y desapareció por decisión de Sylvester Stallone, terminó vistiendo a Karate Kid. El director Avildsen consideró oportuno rescatar la canción y la transformó accidentalmente en hit.

Recuerdos del Señor Miyagi

El 24 de noviembre se cumplirán 15 años de la muerte de Noriyuki «Pat» Morita. Californiano nacido en 1932, hijo de inmigrantes japoneses, su historia de vida podría ser en sí una gran serie o una historia digan del cine. Inválido desde los dos años -hasta los 11- producto de una infección, en la preadolescencia aprendió a caminar otra vez.

Las marcas de su infancia sumada a su presencia en un campamento del ejército para japoneses-estadounidenses en Arizona durante la Segunda Guerra Mundial terminaron moldeando su carácter y esa filosofía parecida a la del sabio Señor Miyagi.

Un boom que nunca terminó, "Karate Kid" (1984).

Un boom que nunca terminó, «Karate Kid» (1984).

Graduado en Aeronáutica, técnico en la compañía aeroespacial Aerojet-General, abandonó el trabajo que no lo hacía feliz por lanzarse a la actuación en clubes nocturnos. Sus primeros años trabajó como cómico -se lo apodaba The Hip Nip- y fue ese salto audaz el que posibilitó que un día un productor lo viera y lo invitara a participar de la película musical Millie (1967), de George Roy Hill, con Julie Andrews.

Morita no pudo escapar de los estereotipos en cine y TV. El salto a la popularidad mundial lo dio con Karate Kid. Fue nominado al Oscar como mejor actor secundario. Fue él, quien diseñó el logo del bonsai que estaba cosido en el traje de su alumno Daniel y el que hizo llorar a Macchio en 2005. «Hasta siempre, mi Sensei», lo despidió Ralph.

Ralph Macchio hoy en una escena de "Cobra Kai".

Ralph Macchio hoy en una escena de «Cobra Kai».

Sin conocimientos de Karate, Morita recibió la influencia del maestro Fumio Demura, doble de riesgo, de quien se extrajo el aura del personaje. Fumio pasó mucho tiempo con Morita para transmitirle conocimientos y ayudarlo en la práctica de ciertos movimientos corporales. Y en varias escenas es su cuerpo el que aparece deslizándose armoniosamente como experto.

Una escena de "Karate Kid".

Una escena de «Karate Kid».

Pasan los años, se multiplican las críticas a Karate Kid, pero su fuerza es indiscutible. Generó una hija superpoderosa (la serie Cobra Kai, que tendrá cuarta temporada y estrenará la tercera en enero) y sigue disparando el negocio de la nostalgia. Acusada de pochoclera u obvia, no hay crítica que pueda frenar la hipnosis popular por esta historia. «Cuando empiezas un viaje, es mejor saber en dónde vas a terminar; si no, es como quedarse en casa», decía el señor Miyagi. Esta vez el viejo sabio no tuvo razón. Nadie podía imaginar dónde terminaría el tanque, ni que 36 años después no existirían los límites. La travesía hacia la redención sigue su rumbo.