El juicio de los 7 de Chicago se ilusiona con los Oscar

El juicio de los 7 de Chicago se ilusiona con los Oscar

La nueva película del guionista y director Aaron Sorkin, El juicio de los 7 de Chicago, se estrenó el pasado viernes en Netflix y ya muchos medios periodísticos dan por sentado que será parte de la danza de los premios Oscar, sobre todo por la potencia de su guión y algunas de las actuaciones de su prestigioso elenco, especialmente Sacha Baron Cohen.

Se trata de una “película de juicio”, casi un subgénero, que en este caso se basa en los hechos reales derivados de lo ocurrido el 28 de agosto de 1968, durante las protestas que se realizaron en Chicago en contra de la guerra de Vietnam. La policía había sido particularmente violenta en la represión de los manifestantes hasta que finalmente 8 de esos activistas fueron detenidos y llevados a juicio por cargos de conspiración e incitación a los disturbios, con lo cual arriesgaban pasar muchos años en la cárcel.

 

Ellos eran Abbie Hoffman (Sacha Baron Cohen), Jerry Rubin (Jeremy Strong), David Dellinger (John Carroll Lynch), Tom Hayden (Eddie Redmayne), Rennie Davis (Alex Sharp), John Froines (Daniel Flaherty) y Lee Weiner (Noah Robbins). El octavo acusado era Bobby Seale (Yahya Abdul-Mateen II), cofundador de las Panteras Negras y el único afroamericano del grupo, que recibió un trato completamente diferente al resto, desde esperar el juicio en prisión y no contar con un abogado defensor, hasta terminar maniatado y amordazado en el juicio.

Sorkin (ganador de un Oscar por su guion de La red social) prueba nuevamente el poder de sus diálogos, que le permiten llevar el juicio (que abarca casi el 80% del filme) con fluidez y equilibrio, que a su vez refleja las diferentes personalidades de los acusados, desde el apego a las normas a pesar de la protesta –el personaje de Eddie Redmayne- hasta el humor irreverente de Abbie Hoffman, que encuentra en Sacha Baron Cohen a su mejor intérprete.

Además Sorkin no cae en el maniqueísmo de mostrar a las autoridades (judiciales o policiales) o a los acusados completamente íntegros o malos por naturaleza. Los acusados no estaban de acuerdo en todo, incluso en el hecho de que no siempre las protestas pacíficas eran la única salida viable y el fiscal principal, Richard Schultz (Joseph Gordon-Levitt), en el ámbito privado era de la opinión de que llevar a estos hombres a prisión era una medida excesiva. Sorkin, claramente del lado de los activistas, igual intenta equilibrar el relato.

En Estados Unidos el caso los siete de Chicago fue una demostración de todo lo que puede hacerse mal en un proceso judicial, con un juez parcial y déspota (Frank Langella) y una revancha política detrás de los hilos, pero con el peso de la opinión pública como antídoto.

Es elogiable también la elección de los actores en un elenco tan amplio, en el cual cada uno armoniosamente se integra a la trama, aunque algunos destaquen más que otros por el peso histórico de su personaje.

Atrapante, con una buena fotografía y una edición que integra imágenes reales con las de esta ficción, El juicio de los 7 de Chicago no es una película inolvidable, pero sí uno de los mejores estrenos en lo que va de este año.