El envejecimiento de la sociedad, un fenómeno al que se enfrenta el planeta

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El mundo se enfrenta a un fenómeno de envejecimiento sin precedentes, que las personas deben vivir de forma activa, mejorando su calidad de vida, ampliando la vida laboral y accediendo a la jubilación de forma gradual y flexible.

Expertos mundiales, entre ellos cinco premios Nobel, reflexionaron en Madrid sobre el envejecimiento en el Diálogo de los Premios Nobel, celebrado por primera vez en Europa fuera de Estocolmo y organizado por las Fundaciones Ramón Areces y Nobel.

Estamos ante un proceso sin «precedentes» que, según David Bloom, profesor de la Universidad de Harvard, se produce con especial intensidad en países de ingresos medios. El principal desafío no es que «no haya dinero para cuidar a los mayores sino tener instituciones que promuevan de forma sostenible la seguridad social y económica que requieren los mayores».

Una de las ideas que planeó en toda la reunión fue apuntada por Bloom: envejecer debe ser un proceso activo, «no solo sumar años a la vida», sino «sumar vida a esos años», lo que «sería bueno para los Estados en términos económicos, fiscales y de todo tipo». Y es que es de enorme importancia que la longevidad vaya pareja a una mejor calidad de vida.

Desde el punto de vista social la vejez y la forma en que se vive depende de factores como el país o el nivel educativo y es que «existe un gran problema de desigualdad», apuntó la gerontóloga de la Universidad de Oxford Sarah Harper. La socióloga mexicana Verónica Montes de Oca destacó que el envejecimiento en países de bajos recursos se «acumula a otras discriminaciones», como ser mujer, pobre o indígena, y pidió reforzar las políticas públicas para los mayores y sus familias.
¿Habrá que jubilarse progresivamente o más tarde?

Una de las primeras consecuencias del envejecimiento de la sociedad en que se piensa es la económica, en especial la viabilidad de los sistemas de pensiones. Según el premio nobel de Economía, Edmund Phelps, «es mejor olvidarse de la jubilación obligatoria o voluntaria, que la gente siga trabajando hasta que le parezca, pero sin dejarlo de pronto sino de manera gradual».

Los 65 años como edad de jubilación «la tenemos indefinidamente desde hace cien años», pero las circunstancias han cambiado. Cuando esa edad se aprobó «solo el 45% de las personas llegaba a ella, ahora la alcanza el 90% de la personas», agregó.

Con una vida útil más larga «hay que redefinir la jubilación» y aumentar la edad para acceder a ella «de forma razonable», defendió el profesor de Economía de la Escuela de Económicas de Londres Nicholas Barr. Todos coincidieron en que las personas deben saber con tiempo que se jubilarán más tarde para poder hacerlo «de manera programada, flexible», quizás pasando primero de la jornada completa a una parcial, agregó.