De mandar satélites al espacio a pedir dinero en un programa de televisión: ¿qué pasa con la ciencia en Argentina?

De mandar satélites al espacio a pedir dinero en un programa de televisión: ¿qué pasa con la ciencia en Argentina?

La ciencia es noticia en Argentina. Primero, 2.000 doctores quedaron por fuera del sistema de investigación científica. Poco después se viralizó el video de una bióloga que concursó en televisión para conseguir dinero. La prestigiosa socióloga Dora Barrancos renunció al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) como protesta por el ajuste. El martes, los científicos hicieron una intervención en Plaza de Mayo y hoy se suman a la Marcha de las Antorchas en defensa de la universidad, la ciencia, la tecnología y el salario.

Desde el Gobierno dan mensajes contradictorios para explicar por qué no cumplieron lo prometido en campaña: que lo que se investigaba no servía, que iban a redireccionar los intereses, que la crisis es general o incluso que está a punto de mejorar la situación. ¿La investigación y el desarrollo son un lujo del primer mundo o –más bien– debería ser todo lo contrario?

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Postales de sobremesas

El 16 de octubre de 2014, el país entero miraba hacia el espacio. En realidad, miraban la televisión o las redes, por donde se transmitía el lanzamiento del satélite Arsat 1 desde Guayana Francesa hacia el cosmos. En ese mismísimo instante, Argentina empezaba a ocupar las posiciones asignadas desde 1988 con un satélite construido localmente y además se convertía en el primer país latinoamericano en poner un satélite geoestacionario en órbita.

El 7 de mayo de 2019 lo más visto de la televisión fue ‘¿Quién quiere ser millonario?’, un formato de preguntas y respuestas importado de Reino Unido. Una bióloga jugaba a intentar ganar dinero para usar en una investigación, porque el presupuesto no llega.

Entre los dos momentos televisados sólo hubo 5 años. ¿Qué pasó en el medio? El lanzamiento, ¿era un punto de llegada o apenas el de partida?

Mucho más que una cara bonita

Fernando Stefani es ingeniero, investigador principal del Conicet y un estudioso sobre política científica. «En Argentina se convive con la idea de que la ciencia es una actividad digna, neutra, valiosa, estamos orgullosos de lo que hacen nuestros científicos. Pero no está considerada un motor de desarrollo: se cree que el mundo desarrollado invierte en ciencia y tecnología porque ya tienen las necesidades satisfechas y se dan el ‘lujo’ pero no es así», dijo Stefani a RT.

Primero, porque ningún país puede relajarse jamás: las actividades económicas pierden valor con el tiempo, porque se vuelven obsoletas o porque aparecen formas más rentables. Así avanza el ritmo del progreso global.

«Si Argentina quiere mejorar su bienestar relativo tiene que invertir en ciencia y tecnología a un ritmo mayor todavía para no acumular retraso tecnológico». Y últimamente invierte cinco veces menos que los países desarrollados .

Pero hay otro factor: incluso en los años en que la inversión creció, fue lento: «En los últimos 20 años se incrementó la inversión en I+D a un ritmo de 0,01 % del PBI por año, cuando los países desarrollados lo hacen en promedio tres veces más rápido», explicó Stefani. En este trabajo, el especialista demuestra que económicamente la inversión es posible.

Fuente: RT