Con vino en lata, las bodegas salen a pelearle mercado a la cerveza

Con vino en lata, las bodegas salen a pelearle mercado a la cerveza

Familia Zuccardi presentará un exponente con Santa Julia; Bodegas Bianchi eligió a New Age para su estreno en el formato, mientras que el Grupo Peñaflor trabaja en propuestas para Fincas Las Moras y Frizzé. Y otras cuatro estudian hacerlo.

Serán vinos que ya venden en botella, de menor graduación alcohólica que los tradicionales; dulces, fáciles de beber y para tomar fríos, más propicios para el paladar joven y el verano.

Zuccardi y Bianchi prevén vender sus latas desde noviembre, para competir con la cerveza y los ReadyToDrink (RTD) no sólo en bares y en la previa nocturna, sino también en clubes, piletas y playas. «Elegimos a Santa Julia Chenin Dulce Natural para lanzar una lata de 335 centímetros cúbicos (cc) en noviembre. A inicios de 2019, empezamos a vender tres vinos en lata de Santa Julia en los Estados Unidos.

Lo publicamos en las redes y tuvimos muchas consultas de proveedores y consumidores locales. Para el país elegimos el chenin, de 7,5º de alcohol, dulce y de fácil consumo», comentó Ana Amitrano, gerente comercial de Familia Zuccardi. Además de estar en los canales habituales, con la lata, abrirán la venta en kioscos.

Bianchi, en tanto, eligió a New Age, marca con la que creó en 1995 la categoría frizzantes. «New Age es un vino dulce, gasificado, de 9º de alcohol. Y es de alta rotación, algo importante porque la lata tiene fecha de vencimiento. La botella, no», explicó Adrián Cura, gerente de Marketing de Bodegas Bianchi. «La industria está perdiendo litros per cápita.

Es importante buscar otras ocasiones de consumo, en las que el vidrio no es aceptado, pero la lata sí, como piletas y playas», agregó. Por ocasión de consumo y tipo de producto (dulces, frescos, bajo alcohol), los vinos en lata pretenden pelearle a la cerveza entre los jóvenes.

«Que beban de la lata, en vaso, copa; como quieran. Lo importante es que lo elijan», destacaron Cura y Amitrano. El sector pecó en decir cómo debe beberse y eso alejó clientes, apuntaron. En 2018, se bebieron 18,7 litros per cápita. El estreno en lata no es sencillo: las bodegas no tienen líneas de llenado de este envase y, a diferencia de la botella, tiene fecha de vencimiento, un desafío extra.

El costo es alto: hay un solo proveedor local, Ball Corporation, que importa las latas de Brasil. Como debe ser envasado en origen, por requisito del Instituto Nacional de Vitivinicultura, lo hará en Mendoza una firma autorizada por el organismo. Y es una inversión a riesgo, porque no hay hábito de consumo. «Un nuevo envase requiere un cambio cultural, no se puede hacer desde la soledad. Pero es central respetar las buenas prácticas de comercialización, cuidar el envase. No se venderá por precio, sino por relación precio-calidad y comodidad», advirtió Amitrano.

«Hay que cuidar mucho la calidad y estar atentos al vencimiento», comentó Cura. Si bien en la Argentina será una nueva propuesta, en Estados Unidos la venta de vino en lata creció 69% en facturación y 47% en litros durante 2018, con respecto al año previo.