¿Cómo hacen «Los Simpson» para predecir el futuro?

¿Cómo hacen «Los Simpson» para predecir el futuro?

Homero pide un aflojador de cítricos por teléfono. Se lo mandan de Japón y le llega de seis a ocho semanas más tarde. Cuando abre el paquete en su casa, desata la gripe de Osaka en Springfield. Ni el jefe Górgory logra frenar el virus disparándole. Así que los ciudadanos se aglomeran en una clínica y reclaman la cura. El doctor Hibbert responde: “La única cura es el descanso. Todo lo que les den serán placebos”. Desesperados, los ciudadanos saquean un camión y provocan un ataque de abejas asesinas. Una de las personas se come un insecto: “Estoy curado, digo ‘ouch’”. Y Todd Flanders empieza a hablar en chino. ¿Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia?

La serie animada con más años en la historia de la televisión lo hizo otra vez. El 6 de mayo de 1993 −hace casi exactamente 27 años− se emitió por Fox “Marge en cadenas”, un episodio que ha vuelto a poner la mirada de todos en el oráculo Simpson por la precisión para describir nuestro presente. A todos les inquieta conocer su destino, pero de saberlo quisieran borrarlo: así funcionan las predicciones de “Los Simpson”.

 

«Marge en cadenas» (1993)

Que sea el programa con más pronósticos acertados no es ninguna casualidad. Las mentes brillantes detrás de cada línea del guion pasaron por la Universidad de Harvard, graduados en matemática, informática, física y derecho. Incluso, la mitad del equipo original, incluyendo los showrunners Mike Reiss y Al Jean, participó activamente en la revista de humor National Lampoon, de donde también salieron hacedores de “Saturday Night Live”, Seinfeld”, “The Office”, “Parks and Recreation”, “Veep” y “Futurama”.

 

En la incubadora Harvard Lampoon, el proceso de selección no era al azar. Los candidatos tenían que entregar seis artículos humorísticos en ocho semanas, lo que los ejercitaba con los plazos y la exigencia del mercado televisivo. Cada año, unos 100 escritores intentaban la prueba y solo siete lo lograban.

 

Junto a Al Jean, Mike Reiss fue showrunner de la tercera y cuarta temporada. Actualmente sigue en el equipo de producción.

De tantas referencias a mansalva a la ciencia, la cultura y la política, es posible que se produzcan predicciones. Los matemáticos de Harvard, Frederick Mosteller y Persi Diaconis, publicaron un artículo en 1989 titulado “Métodos para estudiar coincidencias” (Methods for Studying Coincidences) que se resume en la siguiente fórmula: “Con una muestra lo suficientemente grande, es probable que suceda cualquier cosa escandalosa”. Al Jean, showrunner de las temporadas 3 y 4 y de la 13 en adelante, tiene su propia estimación de acierto: “Si hacés suficientes predicciones, el 10% resultará correcto”. 

Desde el inicio, Sam Simon, cocreador de “Los Simpson”, había establecido una máxima: “Si se pone un dato, tiene que ser verdad”. Chequear información en la era de Google demanda un par de segundos, pero a principios de los ’90 no era tan sencillo. Justamente, en el episodio “Marge en cadenas”, Apu dijo que sabía recitar 40 mil dígitos de pi (π). ¿Cómo supieron los escritores que el último número era 1? Llamaron al Instituto de Tecnología de California, desde donde les mandaron una impresión matricial gigante de pi, según contó Reiss en su libro “Springfield confidencial”.

En el rango que va de la conspiración a lo factible, la serie nos ha dado indicios del atentado a las Torres Gemelas (1997), la fórmula del bosón de Higgs (1998), la venta de Fox a Disney (1998), el plot twist de Daenerys en el final de “Game of Thrones” (2017)… Pero, sin dudas, la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. es el más presagio más descabellado jamás realizado.

 

En marzo de 2000, salió al aire el capítulo en el que Bart tenía una visión del futuro donde su hermana era la primera presidenta heterosexual de EE.UU. Lisa debía realizar un ajuste por el déficit presupuestario que dejó su predecesor, ¡el actual presidente estadounidense! Apenas una línea alcanzó para anticipar el desenlace de los 16 años posteriores de la historia de la humanidad.

Tras el triunfo de Trump, Dan Greaney, guionista del episodio, dijo a The Hollywood Reporter que la idea de una presidencia del magnate “parecía la última parada lógica antes de tocar fondo” y que “fue lanzada porque era consistente con la visión de que Estados Unidos se volviera loco”. En realidad, la explicación de lo dicho por Lisa se refería a la campaña mediática de Trump a principios del milenio, cuando la arrogancia yanqui se imponía a la razón.

A la fecha, ninguno de los escritores de “Los Simpson” recuerda quién es el que tiró la idea de Donald Trump presidente. O más bien ninguno quiere hacerse cargo. Al menos, asumieron la culpa: “Tener razón apesta”, rezaba el gag de la pizarra escrito por Bart el domingo siguiente a las elecciones en EE.UU.

“Sátira es cuando las noticias del mundo se convierten en chiste de ‘Los Simpson’. Pero cuando los chistes de ‘Los Simpson’ se convierten en noticias mundiales, estamos jodidos. Lo bueno es que ‘Los Simpson’ triunfa gracias a la estupidez humana; cuanto más estúpida es la gente, mejor le va a la serie”, admitió el productor Mike Reiss.

El gag de la pizarra tras la victoria de Trump en las elecciones de EE.UU. (2016)

Pese a que algunos hablen de un desgaste de ideas, es erróneo creer que “Los Simpson” exprime cualquier tendencia o debate fugaz de la agenda cotidiana. Cada episodio exige tanto tiempo de producción que cuando la actriz Eartha Kitt grabó su voz en 2008, nadie imaginó que estaría muerta al salir el episodio al aire en enero de 2010. El equipo detrás de “Los Simpson” está obligado a estar pendiente del futuro más que del presente.

Por ejemplo, la creación de cada pieza de 22 minutos requiere en promedio nueve meses, en los que suceden unas 22 etapas: una idea que se amplía a un libreto de 45 páginas, una “mesa italiana” con director, productores y actores de voz, al menos tres reescrituras, storyboard, animática, edición, musicalización y mezcla.

Frente a una sucesión desechable de hechos, los espectadores depositan su fe en aquellos responsables de 682 episodios e inagotables repeticiones en 31 años. A fin de cuentas, son los únicos que nunca quebraron su confianza ni tampoco cambiaron su modo de interpelarlos, aun cuando no resulte agradable ver reflejada la realidad.   

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