Menos cosas, más felicidad: el secreto japonés para vivir en armonía

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Una tendencia nacida en Japón postula que debemos desprendernos de los objetos que ya no usamos para liberar espacio en nuestra casa y nuestra mente.

Liberar espacio, que cada objeto tenga su lugar y, sobre todo, desprendernos de lo que ya no usamos, no es sólo una tendencia de moda, sino una filosofía de vida a la que bien vale la pena asomarse. ¿Pero de qué se trata exactamente?

Cada vez más gente aspira a un hogar prolijo y minimalista como clave para la felicidad. Si tuviéramos que definir esta corriente podría resumirse en tres pilares: maximizar los ambientes, cerrar ciclos y aprender a soltar objetos. El objetivo: ganar tranquilidad y sumar practicidad a nuestro día a día.

La fórmula es sencilla y fue ideada por Marie Kondo, una experta organizadora japonesa, que puede presumir de haber obtenido el rango de “gurú mundial del orden”, gracias a su sencillo método “KonMarie”. En su libro La magia del orden (Aguilar), ella machaca una y otra vez con una frase: “soltar”. Y propone categorizar las pertenencias, sostenerlas con las manos y considerar si estas “irradian” alegría. Si uno lo siente, debería quedárselas y asignarles un espacio en su casa. Si esto no sucede, hay que agradecerles y descartarlas para siempre.

Marietta Vitale, autora de Terapia del orden (Ediciones B), aclara que el concepto de desprenderse no es un capricho. “Lo primero que hay que hacer para ordenar es hacer lugar. En el 95 % de los hogares, hay muchas cosas y poco espacio. Cuando estamos por viajar, si llenamos la valija al 130 % no podremos cerrarla, ni luego comprar regalos, o bien, pagaremos por exceso de equipaje. En cambio, si la llenamos al 60 %, tendremos espacio para lo que queramos. Aconsejo trasladar este método a las casas, para que el poner, sacar y vivir sea mucho más fácil”.

Para la especialista, es importante hacer foco en algunas máximas: no coleccionar objetos, sino experiencias; evaluar cada cosa que tengamos y si la hemos utilizado en el último año; y aplicar aquello de “si algo entra, otra cosa debe salir”.

“El beneficio de hacer lugar es que se muevan los objetos y la energía. La casa tiene movimiento, no está estancada. Y así como cuidamos nuestro cuerpo, nuestro primer hogar, con buena alimentación y ejercicios; debemos cuidar también la energía de nuestro segundo hogar, nuestra casa”, aconseja Vitale.

El cuco del placard

El puntapié de este cambio es el placard. De tanto acumular ropa, muchas veces ni recordamos lo que tenemos para vestirnos; y hasta hay quien guarda ropa sin estrenar. También es común conservar prendas a la espera de que nos vuelvan a entrar o porque fueron de un ser querido. A todo esto, las expertas responden de manera rotunda: basta de nostalgia, hola practicidad. “El placard es el protagonista de nuestras emociones, ahí hay que poner el foco, organizando por categoría y color. Este orden contagiará a los otros espacios e integrantes de la familia. Todos los rincones son ordenables”, dice Vitale.

La licenciada Laura Malpeli de Jordaan, Máster en Asesoramiento de Imagen y directora de Styletto Image Studio, comenta que “hay numerosos criterios a la hora de organizar las prendas. Lo ideal es hacer limpieza y orden dos veces por año, al comenzar la primavera y el otoño, para que siempre tengamos prendas en condiciones, que respeten nuestro estilo. Probarse todo y descartar lo que resulta incómodo, lo que compramos sólo porque estaba de oferta o lo que nos regalaron y nunca nos gustó, ya es un gran paso”.

Según la asesora, algunas posibilidades son “ordenar por prendas formales e informales; por tonos, siguiendo las paletas de colores; por tipo de prendas; armando cápsulas (agrupar entre cinco a doce piezas que combinan entre sí, para tener conjuntos prearmados)”.

Una vez finalizado el cuarto, podemos pasar a otros ambientes con el mismo criterio. Kondo sugiere: así como ordenamos la ropa en el armario, se debería organizar, por ejemplo, la cocina o la biblioteca: “Así que ya sabes, tira todo al suelo, decide qué es lo que te hace feliz, deshazte de lo que no quieras y comienza a poner en orden tu vida”.

Brenda Haines, autora de Tu espacio organizado (Editorial Planeta), exclama con buen humor sus propias verdades: “Si miramos una cosa más de tres veces con ganas de sacarla, ¡hay que sacarla! La bolsa de consorcio en mano, a la hora de tirar, ¡motiva! Sentiremos un alivio increíble. Y, por favor, no nos volvamos creativos a la hora de tirar. Nada de ´no sirve más, pero lo puedo usar como… ¡Ojo con eso!”.

Lo que entre en la mochila

Como en el guión de una película, Camila Lavori se deshizo de todas sus cosas y se fue a recorrer el mundo con su marido, Arturo, y sus dos hijos, Benicio (5) y Blas (3). El método de Kondo le dio vuelta la cabeza. “Leí el libro en un día y esa noche no pude dormir. Descubrí la cantidad de ropa y objetos lindos e inútiles que acumulé por ser diseñadora. Mi marido venía con este proceso desde antes, así que pusimos en venta nuestras cosas y emprendimos un viaje que ya nos llevó por Indonesia, Singapur, Japón, China, Vietnam, Tailandia y el próximo destino, África”, explica. “Fue un camino intenso: yo era muy consumista. Ataqué primero mi placard y el de los chicos, la cocina… No puedo creer todo lo que teníamos y lo livianos y felices que somos ahora”, asegura. Hoy viajan sólo con lo que les entra en sus mochilas.

Sin ser tan extremos, desprendernos de lo que ya no usamos puede darnos otra satisfacción: ayudar a quien verdaderamente necesita esos objetos. Ayudar mientras despejamos el exterior para ordenar lo que late adentro.

Chau, chau, adiós

Brenda Haines, autora de Tu espacio organizado (Planeta) nos sugiere tener en cuenta estas sencillas máximas:

– Pensar en presente a la hora de ordenar. Ni en pasado ni en futuro.

– “No lo uso, pero me da pena”. Esta frase en nuestra cabeza ya significa que lo podemos descartar.

– No nos alegremos de guardar cosas viejas o inútiles. Esto es cargar con un pensamiento negativo.

– No dejemos que las cosas nos manejen, somos nosotros quienes le damos a cada cosa un lugar.

– La bolsa de consorcio en mano, a la hora de tirar, ¡motiva!