Separados con hijos: ¿Cómo compartir la crianza de los chicos?

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El fin de una pareja siempre es difícil. Pero cuando hay niños de por medio, se vuelve imprescindible dejar de lado los enojos y la tristeza para reorganizar la rutina familiar.

Nadie puede ser feliz en un hogar donde no hay cariño ni respeto; entonces, por más traumático que imaginemos que será el proceso, muchas veces la única salida para una pareja que se lleva muy mal es la separación.

Pero, ¿qué sucede cuando hay niños en el medio? Manejar el fin de una relación cuando hay hijos, es a menudo el motivo por el que prolongamos relaciones nocivas.

¿Cómo reaccionarán los nenes? ¿Podré con todo? ¿No es mejor seguir un tiempo más aunque discutamos mucho?

Las dudas y los miedos son inevitables y comunes a todas las personas que aspiran a que el final de la pareja afecte lo menos posible a la familia. El bienestar de los niños debería ser siempre la prioridad ante una ruptura.

“Hay que pensarlo así: si alguna vez nos amamos, nos elegimos como pareja y producto de esto nació un hijo, tenemos que hacernos responsables de nuestras elecciones y no ponerlos a ellos en el medio. Debemos comprender que vamos a ser padres por el resto de nuestras vidas y que no queda otra que llevarse bien, que hay que acordar, aunque no estemos en todo de acuerdo. Encontrar puntos de encuentro para que los hijos tengan una vida saludable y no sientan que cuando están con mamá están en deuda con papá y viceversa”, explica el licenciado en psicología Mauricio Strugo, especialista en parejas y familias.

Recalculando

Un divorcio es una pérdida y, por eso, debe hacerse un duelo. Es bueno darse la oportunidad de pasar por todas las etapas: negación, ira, depresión y aceptación. Cuanto más pronto podamos transitar ese proceso y reparar nuestras emociones, será más sencillo para los dos pasar de ser padres divorciados a buenos papás. Sobreponerse a una ruptura amorosa no es fácil, pero para lograr una coparentalidad exitosa hay una clave básica: separar la relación personal de la relación como mamá y papá de los chicos.

En este sentido, puede ser muy útil pensar en el vínculo con el ex como una relación que recién comienza y poner el mismo cuidado que ponemos en las relaciones incipientes, pero esta vez no para enamorar al otro, sino por los hijos.

Los primeros encuentros post separación, ya sea para el traspaso de los chicos o para ajustar detalles, sin dudas van a ser movilizantes. “Al principio se puede sentir mucho dolor y más que dolor, bronca. Porque cuando recién se termina una relación si uno de los dos no está de acuerdo con esa desvinculación, contento no va a estar. Lo mejor que nos puede pasar es aceptar que lo que tenemos es dolor y tratar de que esto no contamine nuestro vínculo como padres; porque nos separamos como parejas, no como padres”, recomienda el especialista.

Nadie dice que todo esto sea fácil, pero sí que el amor puede tomar formas constructivas aun después de una ruptura. Y eso es una lección para todos.

Un equipo de padres Parece una utopía, pero hay que tratar de armar un dream team dispuestos a dar todo por los hijos y dejar de lado el ego personal. “Si ellos ven que sus padres se llevan bien a pesar de sus diferencias, no tendrán la fantasía de creer que hicieron algo mal o que tienen responsabilidad en la separación. Es importante que los chicos sepan que pueden contar con mamá y papá, y que no tienen que ser fieles a ninguno de los dos sino a sí mismos”, advierte Strugo.

Formar un buen equipo de padres no es imposible. Como primera medida, hay que intentar guardar los sentimientos en un cajón al momento del encuentro o en cada comunicación telefónica. Es difícil, pero hay que buscar la manera de que la convivencia sea lo más civilizada posible; por lo que mostrarse celosos, heridos, traicionados o enojados, no suma demasiado.

Uno de los primeros temas en los que deberán ponerse de acuerdo es en cómo van a repartirse el tiempo con los hijos. Para saber qué les conviene a los niños, se puede establecer, de común acuerdo entre padres e hijos (si estos tienen la edad para opinar al respecto), cuáles serían las fechas que van a compartir con papá o con mamá, y realizar un cronograma con el fin de que todos conozcan el horario, el cual debe ser flexible, previendo cualquier eventualidad. Así todos saben qué sucederá con anticipación.

¿Qué pasa cuando la madre se hace cargo de los chicos y el padre sólo los visita? ¿O viceversa?

Strugo plantea que “es un problema cotidiano en nuestra sociedad: a menudo, el padre, para pagar la cuota alimentaria y solventar los gastos de vivir en otra casa, tiene que trabajar más horas y comparte menos tiempo con el chico. Y la madre, que se encarga de la crianza diaria, queda sin tiempo y energía para trabajar fuera de casa o desarrollar su carrera como querría. Entonces, la nueva dinámica se vuelve una usina de conflictos. En estos casos, lo importante es valorar la calidad y no tanto la cantidad de tiempo. Hay que estar disponible, lo que no significa estar full time, sino comprometidos. Y quien deba pasar menos tiempo con el niño, tendrá que compensar a la otra parte para que esta pueda desarrollar otros roles, que por ser padre o madre están obturados”.

Es necesario armar, además, una red de contención que vaya más allá de la ex pareja. Generar vínculos con abuelos, tíos y amigos que puedan dar una mano, conversar mucho y evitar pasar facturas, ya que eso no construye. Y algo muy importante: no prohibirles jamás a los hijos ver a sus padres. Una convivencia en armonía, así sea desde otro lugar, será beneficioso para todos.