5 cosas muy extrañas que la gente solía creer en el pasado

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Fumar es bueno para la salud, malcriar a un niño lo hará socialista y otros delirios que alguna vez fueron considerados verdad

1) Beber la sangre de un gladiador cura la epilepsia

En los tiempo del Imperio Romano (entre el siglo I y el VI), muchos médicos de la época y gente culta decía que beber la sangre de un gladiador muerto o comerse su hígado curaba la epilepsia.

Plinio, el Viejo, en su libro Historia natural, escribió que “los epilépticos incluso se beben la sangre de los gladiadores de copas vivas, por así decirlo”.

Incluso, luego de la prohibición de los combates entregladiadores en el 400 después de Cristo, “un individio ejectuado (particularmente si fue decapitado) se convirtió en el sucesor ‘legítimo’ del gladiador”, afirma un trabajo de investigaciónpublicado en PubMed.

2) Los espermatozoides son hombres diminutos

El preformacionismo, fuertemente defendido en la Antigua Grecia por filósofos como Leucipo de Mileto y Demócrito, afirmaba que el desarrollo de un embrión es el crecimiento de un organismo que ya estaba preformado.

Es decir, que cada espermatozoide es una persona en miniatura y que el vientre la mujer es un horno donde ese ser diminuto crece.

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3) Los ojos emiten rayos de luz invisible

Esta idea se la debemos a otro filósofo griego, en este caso Platón. Según él, podemos ver gracias a que nuestros ojos generan unos rayos invisibles que tocan el objeto visto y nos devuelven la información al respecto.

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4) Fumar es bueno para la garganta

No sólo antes no se sabía que el cigarrillo era malo para la salud, sino que se creía que hacía bien a la garganta.

5 cosas muy extrañas que la gente solía creer en el pasado

Una prueba es este viejo aviso que hasta hace poco podía verse en el sur de Londres: “Por el bien de tu garganta, fuma”.

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5) Un niño malcriado, de adulto será socialista

Consentir demasiado a un niño puede no ser la mejor estrategia para criarlo. Pero el pediatra norteamericano Walter W. Sackett Jr. llevó ese temor al exceso.

En su libro de 1962, “Criar bebés”, afirmaba que si a un niño se lo malcriaba demasiado se convertiría en socialista.

En sus palabras, “si le enseñamos a nuestra descendencia a que esperen ser provistos de todo lo que demandan, debemos admitir la posibilidad de que estamos plantando las semillas del socialismo”. Así que, en el contexto de la Guerra Fría, consentir demasiado a tu bebé era considerado antipatriótico.