Isla japonesa en donde se halla el secreto de la longevidad

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En la isla nipona de Okinawa se concentra el mayor número de centenarios del mundo. La peculiar distinción se explica por los hábitos de estilo de vida de los pobladores

En las últimas décadas la esperanza de vida se incrementó como consecuencia de los avances tecnológicos en materia medicinal. Sin embargo, las poblaciones más longevas del planeta no se encuentran situadas en torno a hospitales con sofisticados aparatos diagnósticos, sino en lugares apartados en los que perduran sus tradiciones ancestrales.

Las “Zonas Azules” es un término instalado hace unos años por el periodista Dan Buettner para describir las regiones geográficas en las que hay un mayor número de personas longevas. Según trabajos de científicos y demógrafos, en el globo terráqueo hay cinco. Una de ellas se ubica en la isla de Okinawa, una localidad de apenas 1.200 kilómetros cuadrados de superficie, en donde se estima que viven un millón y medio de habitantes. Es un lugar en donde se concentra el mayor número de centenarios del mundo.

El peculiar caso despertó la curiosidad científica. Uno de los estudios más significativos fue el Centenarian Study, que recopiló datos desde 1975 para conocer sobre los hábitos y evolución de los habitantes. Sumado a numerosos trabajos que prosiguieron, las conclusiones son casi unánimes: los okinawenses no sólo viven más años, sino que padecen menos enfermedades crónicas y la incidencia de demencia es significativamente más baja que la media mundial.

Gozan de un estado de salud extraordinario: son flacos, tienen aspecto juvenil, mucha energía y una incidencia muy baja de enfermedades cardiovasculares y cáncer, incluido el de estómago, muy común entre el resto de japoneses. ¿Cuál es la razón? Acompañada de ciertas costumbres, la gran parte de la receta se sustenta en una selectiva dieta.

Los pobladores de la isla nipona redujeron de forma importante la ingesta de carne procesada. La base de alimentación parte del arroz, los pescados y los mariscos. Todas tienen algo en común: la poca cocción que necesitan, en donde hasta incluso algunos platos se sirven crudos. Su dieta es rica en alimentos derivados de la soja (el tofu), hortalizas, verdura y especias como la cúrcuma. ¿Platos fritos? Muy pocos. El más conocido es la tempura, una mezcla de pescados, verduras fritas y salsas. Cada bocado debe ser pequeño, por lo que en freírlos se demora entre dos y tres minutos.

A las preferencias culinarias se les suma un elemento clave: evitan saciarse. Comen pero no hasta excederse, una distinción de la cultura oriental. Con una gran oferta de vegetales y frutas, bajas cantidades de carne, granos refinados, grasas saturadas, sal, azúcar y productos lácteos enteros disminuyen la ingesta de calorías, pero no los nutrientes.

El menú además se conjuga con otros hábitos saludables: practican ejercicio diariamente, pasean y llevan a cabo prácticas de jardinería. Hace unos años, una investigación publicada en la revista científica Journal of the American College of Nutrition encontró una relación directa entre los numerosos miembros centenarios de la comunidad japonesa y el estilo de vida saludable que llevan a cabo.

Entre las claves del éxito ajenas con la nutrición no consumían cigarrillos, bebían alcohol moderadamente, controlaban su presión arterial y poseían factores genéticos muy favorables.